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CARTA DE SABINA A PAEZ
"Querido Rodolfo Páez"
JOAQUIN SABINA
E ste es el texto que Sabina le envió a Páez:
En horas inoportunas/ me han ido llegando algunas/
noticias que se las traen./ Y, como vuelan y caen/ sobre terreno abonado,/ voy, señores
del jurado,/ a contestar enseguida,/ para vendarme la herida/ cortando con el pasado.
Sabes bien que no intervine,/ por respeto, en tu rodaje./ No quise hacerte chantaje,/ ni
soy crítico de cine./ Cuando me llamaste vine/ a filmar en aquel cuarto/ como un actor de
reparto./ Pero ha llegado el momento/ de decirte que lamento/ estar harto de estar harto.
Ya es hora de terminar/ esta historia interminable,/ sin víctimas ni culpables;/ pongamos
punto final,/ y, volvamos, cada cual,/ como gatos escaldados,/ a ordenar nuestro tejado;/
concluyamos esta liga,/ si no queremos que siga/ lloviendo sobre mojado.
Urge cortar por lo sano/ con la gira del verano/ y el kilombo del video./ El rol de patito
feo/ no me va, te lo aseguro/ y menos el de hombre duro/ que a ti te cuesta tan poco./
Antes de volvernos locos/ corrijamos el futuro.
He decidido que paso/ la página de este enredo/ perdiéndole miedo al miedo. La gota que
colma el vaso/ no me la trago; hazme caso/ y volvamos a lo nuestro,/ cortemos este
ambidiestro/ nudo gordiano de un tajo;/ no soy tan tonto, carajo,/ ni tan listo, maestro.
Te lo he dicho muchas veces/ y no has querido escucharme,/ sin pretender humillarme/ me
has humillado con creces;/ a ti siempre te parece/ que mis quejas son por vicio,/ que
maltrato nuestro oficio/ siendo tal y como soy./ Déjame sacarte hoy/ por última vez de
quicio.
Lo más difícil ahí queda:/ catorce hermosas canciones,/ clips, reseñas, promociones,/
mi voz de lija y tu seda;/ con que sálvese quien pueda,/ antes de que otras rencillas/
conviertan en pesadillas/ los sueños de la razón./ También sé decir que no/ si me
buscan las cosquillas.
No filmaré más video/ ni discutiré contigo,/ seguiré siendo tu amigo/ sin urgencias ni
careos./ De corazón te deseo/ que lo entiendas noblemente/ y le expliques a tu gente/ que
éste es un final feliz./ No puedo seguir así,/ con la pluma entre los dientes.
Tengo que empezar de nuevo/ para escapar del abismo,/ a decidir por mí mismo/ sin contar
con nadie;/ debo atreverme, si me atrevo,/ a demostrar lo que digo,/ sin pretensiones ni
testigos,/ con aire nuevo en las pilas/ y la conciencia tranquila/ de éste, tu íntimo
enemigo.
Texto copiado de la edición del 25 de Julio de
1.998 del diario el Clarín de Buenos Aires (Argentina). |